Verdad, reconocimiento, justicia y/o reparación. La memoria, que siempre es memoria de las víctimas, exige el cumplimiento de estas acciones para que su papel cobre todo su sentido; para que, desde su necesidad, ésta alcance sus objetivos. Y entre estos, esencialmente uno: la sutura de las heridas personales y sociales abiertas a partir de hechos generadores de dolor personal y/o social causados por instituciones o sectores grandes de una sociedad o con su complicidad.

Mañana se cumplen 9 años de aquel fatídico accidente de metro. Y por fin, después de casi tanto tiempo de lucha, sus víctimas pueden ver en el horizonte el final de su duelo y un cierre digno a su tragedia. Y nosotras/os, la sociedad valenciana, a la nuestra.

Parece que todo ha cambiado mucho. El partido que gestionó el poder político durante todo este tiempo ha perdido las elecciones y el acuerdo de otras fuerzas políticas en los temas centrales de la gestión de nuestra sociedad ha permitido su relevo.

Durante todo este tiempo, desde el principio, la gestión de la tragedia y la atención a las víctimas fue absolutamente deficiente e inadecuada. Falta de humanidad y de respeto al dolor y a los derechos ciudadanos de las víctimas. Indigna de cualquier gobierno que se pretenda decente. Indigna de cualquier pueblo o sociedad que se respete a sí misma.

Estuvieron mucho tiempo solos, mucho tiempo, casi 9 años, más de 100 meses, más de 3000 días. Hasta que, hace poco más de un año, un programa de la televisión nacional, conducido por un rostro popular, con un verbo hábil y un gesto ágil les llevó a los salones de las casas valencianas, que, entonces sí, se atrevieron a mirar a la infamia.

Y por fin, ayer, el nuevo presidente y la nueva vicepresidenta les recibieron en la sede del gobierno de manera pública. Después de tantos años de ausencias, sobre las 18 horas, las víctimas de aquel accidente, sus familiares, entraban en aquel lugar que durante años les había dado la espalda, en aquel lugar que había intentado ningunearles, acallarles, comprarles, olvidarles…

Y ayer, por fín, en aquel lugar, los representantes del gobierno valenciano, libremente elegido por la ciudadanía, les daban un abrazo.

Pero aquel lugar, la sede de la Presidencia de la Generalitat Valenciana, aquel lugar que les había dado la espalda durante todo aquel tiempo, guardaba, entre sus muchas historias, una pequeña historia de dignidad y resistencia.

Pocas personas saben que durante todo aquel tiempo oscuro de ausencias, desde las primeras semanas de aquel otoño del año 2006, y durante casi un año, un trabajador del Palau de la Generalitat, en aquellos momentos trabajando con una excedencia en la televisión, terminaba su jornada laboral y acudía con su cámara de vídeo a la cita semanal con las primeras reuniones de las víctimas. Semana tras semana, en medio de aquella soledad y aquel dolor, documentaba aquellas reuniones* (superando la carencia de medios y de apoyos) e intentaba transmitir a aquellas personas el afecto y el apoyo que aquella sociedad acomodada y temerosa, y aquel gobierno infame, les negaba.

Luego llegó, como sabemos, el apoyo y el reconocimiento de las estructuras. Y viceversa. Pero entonces, mucho antes, en medio de las ausencias, de la oscuridad de aquel lugar y de aquel tiempo, entre la sede del gobierno valenciano y la televisión, esta persona, mantuvo, de manera constante y discreta, en medio de aquella infamia, la dignidad de la sociedad valenciana y de esa institución.

Epílogo: Esa persona existe. Y allí sigue trabajando, ahora junto al Palau de la Generalitat. Estos días se alegra, casi más que nadie, de que, las víctimas comiencen a poder pensar en descansar, seguir elaborando y cerrando su duelo, y en vivir de nuevo.

Y puesto que no quiere que diga su nombre no lo diré.

Pero sería deseable que el nuevo gobierno valenciano sepa que allí está, entre su plantilla. Un valor cívico y ético difícil de encontrar y, que aquí, y en todos los lugares donde se encuentra, esta sociedad y este nuevo tiempo de cambio debería aprender a reconocer y a no desaprovechar.

Nacho Sirera,  2015.

Sin memoria no somos.

* El material grabado formó parte fundamental del documental “DESPUÉS DE LAS AUSENCIAS” que, grabado entre septiembre del año 2006 y finales del año 2007, contó el primer año de historia de la AVM3J.

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